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NAZARENO, EL SUEÑO DE SER TU COSTALERO…

“El Sentimiento de un Costalero”

Hace poco me dijo un buen hombre, labra tu camino, pues la siembra será el pan de tu familia, el árbol de tus frutos, la luz de tu habitación…

A veces miro y rebusco entre las verdades en rincones y libros anejos, el verdadero sentimiento de un costalero. Quiero conjugar las ideas de maestros del pasado que dejaron legados y vivencias que hoy nos ayudan a convertirnos en las personas que somos, pero, pasaran más de cien vidas para darme cuenta de que no encontrare jamás la respuesta a mis preguntas de niño inquieto. Así es, a esa es a la conclusión definitiva a la que llego tras intentar profundizar en algo, que por el momento no nos pertenece.

Que fácil es juzgar y jugar a ser Dios…

“Tu si eres digno, tu no, no eres un hermano verdadero de esta hermandad, tu no sientes a esta imagen, nosotros si que la sentimos, nuestros costaleros tienen que ser personas involucradas con nuestra hermandad y que la sientan, no como otros… “

A veces me avergüenza ser cofrade, si es que ser cofrade tiene algo que ver con todo este circo fariseo con poco fondo cristiano, es una pena que sigamos cerrando las puertas, expulsando a los que no piensan como nosotros, señalando con el dedo en los sanedrines, alimentando un fuego para quemar a los “pecadores”…

Afortunadamente, hace tiempo que sueño despierto viendo pasar a mi vera, todo un mundo repleto de sensaciones cuando aflora la primavera de Dios, y no hallaré jamás la respuesta a mi pregunta a través de una frase o texto escrito, por que el verdadero sentimiento de un costalero, se lleva dentro. Aquel que por cualquier circunstancia se ve atraído por la llamada del Señor o de su Madre Bendita, ya trae consigo el suficiente aval para vestirse de legionario de Dios y honrar con su trabajo, su nombre y su Evangelio. Que bonito es ser costalero, que grandeza hay en tu misterio, en un cajón, un costal, un pantalón, por que cuando todo esta lejos, todo parece tan cerca…

Kilómetros de carretera, horas de vuelo, noches de tren, peajes, momentos de felicidad, sonrisas, lágrimas, abrazos, desengaños, noches de sueños, riñas y enfados, sentimientos, emociones, despedidas, trabajo, sudor y esfuerzo, en todas y cada unas se haya parte del sentimiento del costalero, aquel que se forja minuto a minuto con el devenir de nuestras propias vidas, aquel que nos hará siempre despertar y encender nuestro corazón para acudir a la llamada del Señor y de su madre María.

Todo ello hace crecer el amor por una pasión, por un oficio verdadero que hace que el milagro de la Resurrección siga pregonándose por las calles y rincones de esta noble región. El trabajo callado tras un faldón encontrándose consigo mismo, sintiendo cada instante de mil formas diferentes, sufriendo y soportando el peso ceñido de las horas, ganando segundo a segundo la partida contra la agonía, la fatiga y el cansancio. Forjándose con el oficio verdadero por cada metro de adoquín racheado, ahorrando vivencias para luego poder canjearlas por sonrisas y momentos de efímera felicidad. Todo ello eres tu Costalero, por que como un buen amigo un dia me dijo, a través de la trabajadera, tambien se llega a Dios…

Dicen los historiadores, que hace dos mil años, cuando el Señor fue conducido por la calle de la Amargura, iba soportando parte del madero (patibulum) de la cruz, sobre su cerviz, mientras que la otra (estípite), estaba ya anclada en el Gólgota esperando su destino, si eso es como dicen los historiadores, estaríamos hablando de que Jesús, de un modo testimonial, fue básicamente el primer costalero de la historia, un hombre que soporto sobre la apófisis espinosa de la séptima vértebra cervical, su verdadera pasión. Con tan solo una particularidad, aquel hombre no llevaba un costal ni una faja, solo el peso de la verdad y el perdón de toda la humanidad…

 

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