Archivo | junio 2013

Antonio, el costalero ciego…

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Aún no te has ido, y ya te echo de menos…

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Amanecía un día gris, de cielo plomizo y con el viento de poniente que refrescaba la mañana impropia de estas fechas. Hoy era el día Señor.

Me dirigí caminando hacia tu templo sin querer llegar para no decirte adiós, una extraña sensación invadía mi cuerpo desde las primeras horas de la mañana que no podía explicar con palabras, era la primera vez desde mi conciencia que te ibas por un largo periodo de tiempo, aquellos barrotes que te custodian, ya no serán en los próximos meses pozo de las plegarias de aquellos que vienen a verte. Llegué al templo y vi en la mirada de tu Madre cierta nostalgia al ver que partías, ya estabas preparado delante de tus hermanos allí presentes que no querían perderse tu despedida. Los rostros conjugaban la felicidad de poder llevar a cabo uno de los proyectos mas maravillosos de esta hermandad, con la melancolía y tristeza al no poder durante el tiempo que nos llega, contemplar tu incansable mirada, tu infinita bondad, la inmensa paz que despliega tu rostro…

Te vas Padre, pero déjanos aquí tu espíritu. Ese que siempre perdura en el corazón de todos los que te amamos, los que hablan contigo, ese que aparece cuando dos o más se reúnen en tu nombre, aquel que reconforta siempre el corazón de los más necesitados y de aquellos que imploramos tu misericordia…

Se que mañana cuando vuelva a verte y no estés, un extraño vacío se apoderará de mi alma, por que aunque no te guste que pensemos así Señor, muchas veces necesitamos verte para tenerte mas cerca. Has vivido mi niñez, mi adolescencia y ahora mi madurez, me he acercado a esa reja tantas y tantas veces a pegar mis cachetes de niño tímido y me has dado siempre tanto, que a veces me avergüenzo de no ser como tu quieres que sea…

Aun no te has ido y ya te echo de menos Señor, te has llevado contigo algo de todos nosotros, aquellos que te quieren, que siempre te buscan, que clavan sus plegarias en el morado de tu túnica, que encuentran en tus ojos el cobijo del más necesitado…

Cuento ya Padre los días para verte de nuevo por esta bendita tierra, aquella que te vio nacer para que vuelvas a cuidar de tu flota de hermanos nazarenos y portuenses, para verte de nuevo en lo mas alto de tu paso, mientras tus queridos costaleros lloran mientras caminas por las calles de tu ciudad. Que vuelvas a echarte en esa cruz que sostienes por todos nosotros, los millones de problemas, de ruegos y de suplicas que llevas en el fondo de tu corazón desde que presides tu altar, allá en la Capilla de los Encisos.

Me despido ya Señor, espero verte pronto y recuérdanos siempre allá donde estés, ten en tu mente siempre a tu pueblo, aquel que seguirá rezándote aunque no te vean, seguro que cuando caiga el sol allá en la calle Viriato, millones de oraciones llegaran hasta ti desde este pueblo costero, recibidas todas de la mano de tus nuevos vecinos que ya están tremendamente felices de tenerte cerca aunque sea solo por un tiempo, María Stma. De la Amargura, la Virgen del Buen Fin y la bendita Santa Ángela de la Cruz, que seguro te protegerá y te mimara como nadie.

Bendito seas por siempre Señor…