Entrevista a Salvador Dorado Vázquez “El Penitente”. “Antes, se exigia más que ahora…”

Siguiendo con la misma línea, he considerado interesante postear esta entrevista a otro viejo maestro, este, de otra época, más complicada y a la vez más sencilla. Se trata de Salvador Dorado Vázquez, también conocido como “El Penitente”. A continuación os quiero mostrar algunos datos de su ajetreada vida.

Datos: José María Aguilar (ABC de Sevilla, 1987)

Nació el 5 de junio de 1912, en la calle Galera, siendo bautizado en la Parroquia del Sagrario. A muy temprana edad su familia se traslado a Triana, a un corral de vecinos en la calle Castilla. Tras su breve paso por la escuela, se dedico a poner ladrillos en los tejares del arrabal.

Practico boxeo y fútbol, compaginando estas aficiones con la de costalero, sin pertenecer a ninguna hermandad. A los 15 años ya era costalero, aunque su primera cofradía fue la Cena, al mando del capataz Manolo Rabasa y posteriormente lo fue del Baratillo, a las órdenes de Ariza.

En el año 1933 partió hacia Madrid para realizar el servicio militar. Durante la Guerra Civil fue uno de los que impidió que se quemara al Cristo del Cachorro. En 1937, siendo capitán, se casó, aunque al pertenecer a la Zona Republicana, fue condenado a muerte y posteriormente conmutada a 30 años de prisión, quedando en libertad en 1940. En 1942 se casó con su esposa por la Iglesia, en la parroquia de San Bernardo.

Hasta 1943 estuvo de costalero, pero el accidente ocurrido al chocar un tranvía con el palio de la O, en la calle Callao, le marcó, pues Salvador iba bajo el paso, siendo lesionado levemente en los riñones, aunque decidió no sacar más pasos, aunque posteriormente fue contraguía de Rafael Ariza “El Viejo” hasta formar su propia cuadrilla, siendo su primera hermandad como capataz la Trinidad y el primero en sacar la cofradía del Baratillo a pulso de su iglesia.

Se traslado al barrio de Nervión, ejerciendo de cargador del muelle y posteriormente se trasladó a su residencia definitiva en la Ronda de Pío XII. Ha llegado a sacar 11 cofradías en la Semana Santa, desde la Sed, cuando procesionaba el Viernes de Dolores, el Sábado de Pasión en la provincia, El Amor el Domingo de Ramos, San Gonzalo el Lunes, la Bofetá el Martes, San Bernardo el Miércoles, Los Negritos el jueves, Los Gitanos en la Madrugá, El Viernes la Carretería, junto a otras de la provincia y el Sábado el Santo Entierro de Dos Hermanas.

En 1972 comenzó en la Hermandad de Los Estudiantes los primeros ensayos con hermanos costaleros, siendo en 1973 cuando sacaron al Cristo de la Buena Muerte por primera vez, pagando la hermandad a la cuadrilla de Salvador, aunque no la sacaran ellos. Ese mismo año la Hermandad de Los Estudiantes le impuso el Martillo de oro de la Cofradía y en 1975 el título de Costalero de Sevilla, otorgado por el Ayuntamiento.

Posteriormente ha sido capataz de Las Siete Palabras, una de las últimas hermandades en la que actuó de capataz, junto al Santo Entierro de Dos Hermanas. De su buen hacer han quedado para la historia la saga de los Santiago, auxiliares de Salvador que hoy en día perdura en el nombre de Antonio Santiago. El 3 de junio de 1991, falleció en Sevilla Salvador Dorado Vázquez, a la edad de 79 años.

Discípulos de Salvador Dorado: Manolo y Antonio Santiago, Salvador Perales, Jesús Basterra, El Quiqui, Pepe Luque, Juan José Gómez y su hermano Manuel (los Hermanos Gómez).

Salvador Dorado “El Penitente” (derecha) junto a su discípulo y tocayo Salvador Perales.

ALFREDO VALENZUELA – Sevilla – 28/03/1986. El País.

Salvador Dorado Vázquez es el más viejo de los capataces de cuadrillas de costaleros de Sevilla. Nació en el barrio de Triana hace 74 años y es el único capataz de costaleros de toda la historia que ha recibido de manos de una cofradía, la de los Estudiantes, una insignia con un martillo de oro, réplica exacta del llamador que se hace sonar sobre la madera del paso para dar instrucciones a los que lo llevan a hombros. Ahora, 13 años después de jubilarse como obrero del muelle, está pensando en hacerlo como capataz de costaleros.

En una confitería llena de maquetas de pasos y nazarenos a escala tallados en caramelo de fresa, tras sortear el pegajoso río de cera derramado por los penitentes a su paso por la calle de las Sierpes, una breve plática con Salvador le revela como quintaesencia de la filosofía de Jorge Manrique: la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor es constante en sus gestos y en sus palabras. Antes, dice, la Semana Santa “era otra cosa de lo que es ahora”. Bajo el paso había que tener más poderío y echar, al menos, el doble de coraje. “Ahora los pasos están aligerados y el peso no es el mismo. Además, antes las calles estaban en otro estado, el firme era muy malo y uno no se podía descuidar ni un momento. Y el tendido eléctrico: con los crucificados había que echarse a tierra con tal de esquivarlo. Antes se exigía más que ahora”.Salvador, parco en palabras -“no me gustan las entrevistas porque no quiero hablar ni recordar tanto”-, se encoge de hombros cuando se le habla de que en Córdoba una cuadrilla de mujeres ha sacado este año un paso en procesión. Si se le insiste en el tema, responde: “A mí no me gusta”, y ya se le nota más descansado, como si se acabara de desahogar. Pero lo que realmente sorprende a Salvador es que las mujeres formen parte de la junta de gobierno de la cofradía en cuestión “y tengan derecho a voto como un hombre”.

Sin duda, las cosas no son como antes. Salvador no conoció a su padre -“por eso somos una familia de trabajadores”-, y con diez años comenzó a trabajar en los tejares de Triana. Cuando se consideró que el niño ya era un hombre, dejó de fabricar ladrillos y comenzó a trabajar como cargador en el muelle. Antes de cumplir los 16 años salió de costalero por primera vez. “Entonces sacaba siete pasos en la semana, sin dejar de ir al muelle, porque al trabajo no se podía faltar”. El Viernes Santo de 1943, a un tranvía le fallaron los frenos y fue a dar contra el paso de la Virgen de la O. Salvador iba bajo el paso y, para dejar salir a sus compañeros heridos, intentó aguantarlo hasta que se le fastidiaron los riñones.

Costalero profesional

En 1972, cuando todos los pasos eran llevados por cuadrillas de profesionales, Salvador dirigió los de la cofradía de los Estudiantes, los primeros que llegaban a la carrera oficial sobre hombros de hermanos cofrades. Durante esta Semana Santa Salvador se ha hecho cargo de los pasos de las hermandades de Las Siete Palabras y El Silencio, en Sevilla, y El Santo Entierro, en la localidad sevillana de Des Hermanas. Según dice, será su última salida como capataz profesional. Si sale el año que viene, será por un compromiso que tiene con los hermanos costaleros del Silencio, “pero lo que es de mi cuadrilla me despido este año, que ya está bien”.

Quizá a pertenecer a una familia de trabajadores deba Salvador sus nudosas manos, su espalda cuadrada, lo arqueado de sus piernas y lo rígido de sus movimientos. Él no cree que la fe sea imprescindible para dedicar 60 años de una vida a cargar y dirigir pasos de Semana Santa: “Eso lo hace el que le gusta”.

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